Sensación de frío

Cuando envejecemos, a menudo cambia la forma en que los sentidos nos proporcionan información acerca de los cambios en el mundo, disminuye su sensibilidad y podemos tener problemas para distinguir los detalles.

Son muchas las personas mayores que experimentan cambios en las sensaciones relacionadas con el tacto a medida que envejecen y encuentran dificultad para establecer la diferencia entre fresco y frío. Esta disminución de la sensibilidad a la temperatura incrementa el riesgo de lesiones por congelación o quemaduras. 


Son bien conocidos algunos peligros del invierno para los mayores, como la fractura de huesos debida a caídas por el hielo o los problemas de respiración causados por el aire frío. Sin embargo, no lo son tanto las dificultades que origina el frío ambiental, el causante de bajar la temperatura interna del cuerpo. Este descenso en la temperatura corporal se denomina hipotermia y puede llegar a ser mortal si no es tratada rápidamente.


La hipotermia puede ocurrir en cualquier lugar, no solamente al aire libre. De hecho, algunas personas mayores pueden tener una forma leve de hipotermia si la temperatura en sus casas está algo fría. Algunos indicadores físicos son confusión o somnolencia, habla lenta o una respiración poco profunda, pulso débil, rigidez en los brazos o en las piernas y una peor movilidad general.


Otros motivos son por ejemplo los problemas con el sistema hormonal (hipotiroidismo) o circulatorio (diabetes). Además de una artritis severa, el Parkinson u otras enfermedades dificultan la movilidad, originan dificultades a nuestros mayores para ponerse ropa adicional, usar un cobijo o evitar lugares fríos.